Hacer hueco en nuestros caóticos horarios es misión harto complicada. Hacer hueco un lunes por la mañana se antoja como una misión imposible, pero siguiendo el famoso refrán de “hace más quien quiere que quien puede”, si la propuesta me la plantea mi amigo Abel Martín, seguro que merecería la pena el esfuerzo. Abel es un profesional del vino con mayúsculas, enamorado como yo de las historias que nos cuentan y de las mil y una andanzas que cada sorbo nos enseñan.

A la invitación, ya de por sí irrenunciable, se unía que el evento era una cata vertical de Bodegas Tradición: una de las grandes de Jerez desde 1650. Me atrevo a decir, sin temor a equivocarme, que nos íbamos a rodear de los mejores VOS y VORS del mercado. El sitio elegido también me llamaba la atención: un hotel de la cadena One Shot, de reciente apertura, cercano a la sevillanísima calle Feria y cuya cocina la gestiona el gran Javier Abascal, uno de esos jóvenes empresarios que han tomado las riendas de la hostelería de Sevilla y en ello anda, con su lucha diaria y con un valor emprendedor fuera de lo normal.

La juventud de Abel y de Javier contrastaban con la veteranía de José María Quirós, enólogo de la bodega, quien dirigió la cata y con quien tuve el privilegio de compartir una interesante charla al comienzo y, sobre todo, al final de la cata. Un hombre que irradiaba sabiduría y de quien me declaro admirador.

Comenzamos la cata. Seis vinos: tres finos y tres amontillados. Los vinos finos, de 12 años de edad mínima, que huyen del color claro y transparente de los finos comerciales, pertenecían a sacas de 2018, 2017 y 2016. El color iba “in crescendo” en intensidad tornándose en ese oro líquido que tanto nos gusta.

La saca de 2018 me traía aromas salinos, perfectamente limpio y muy retronasal, pero sin molestar en absoluto. Fácil de beber.

La saca de 2017 era la más disruptiva de la cata. Más impacto nasal, más cuerpo, más presencia y algo más complejo de beber que el primero.

La saca de 2016 fue la que más me gustó. Aroma mentolado, increíblemente amable en boca. De menor a mayor en solera y con un exquisito retrogusto avellanado.

Una vez finalizados los finos, pasamos a los amontillados. Este puede ser uno de esos vinos con los que nos encontremos más cómodos y estábamos deseando que llegara este momento. Otros tres vinos nos esperaban: de 6ª criadera, 2ª criadera y un VORS con, ni más ni menos que 42 años de barrica.

En la 6ª criadera predominan las notas de oxidación. No le detecto matices de crianza. Como era de esperar, potente en boca, pero sin llegar a lo que definiría como amontillado propiamente dicho.

Con la 2ª criadera, subimos el listón. Potencia en nariz: fino y elegante. Aromas de almendras y frutos secos tostados. Algo de toffe. En boca, potente. Cada sorbo es un matiz distinto, una experiencia. Ideal para salazones.

El amontillado VORS es el sello de la bodega. Elegante, muy elegante. Su tonalidad, suave a pesar de la edad. En nariz, agradable con notas de madera, tipo brandy, que se acentúan después en boca. Noto matices salinos. Es el clásico VORS redondo de Jerez. Un vino que perfectamente podría ser el de cabecera de esta bodega.

En definitiva, una experiencia donde se unieron Martina Trader, Bodegas Tradición, Hotel One Shot y donde no podía faltar el guiño gastronómico de Javier Abascal quien nos deleitó con una degustación donde destacaría la exquisita ensaladilla coronada con huevo frito y pimentón espolvoreado, y un fantástico arroz con carne, como hacía años que no probaba.

La próxima vez, nos vemos en Jerez.

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